Jesucristo bizco

O estrábico , palmeriano.

Hoy estoy aquí de nuevo.

Poco a poco voy recuperando mi tiempo…

Y el nuevo local empieza a tener luz al final del túnel.

Literalmente.

Un pasillo de 23 metros de largo.

Pero hoy no vengo a hablarte de eso.

Hoy toca historia.

De las buenas.

De las que pasan más veces de lo que te imaginas en este oficio.

Antes de nada:

no quiero ofender a nadie ni burlarme.

Pero cuando entra por la puerta un cliente… peculiar…

es imposible que no pasen cosas.

Le llamaremos J.

Sin más.

Ahora te hago una pregunta:

¿Has visto alguna vez a Jesucristo bizco?

Yo tampoco.

Pero mi cliente pensaba que yo le había tatuado uno.

Un Jesucristo versión Rosi de Palma.

Torcido. Descuadrado. Mutante.

Y aquí viene la clave de todo:

¿Qué pasa cuando te tatúas la espalda…

y decides comprobar el resultado tú solo en el espejo del baño?

Que te conviertes en un puto contorsionista.

Te retuerces como si quisieras desenroscarte la cintura del tronco,

mientras haces un movimiento raro con el cuello,

rollo Elsa Pataky en pose imposible.

Resultado:

  1. No vas a verte el tattoo bien.

  2. Lo poco que veas… va a parecer deformado.

Pues eso fue exactamente lo que pasó.

El tío se mira…

se gira…

fuerza el cuello…

Y piensa:

“Ostia puta… Jorge se ha colado.

Me ha hecho a Jesucristo deforme.

Lo mato.”

En el estudio lo conocemos como:

“J el Trencaet”

(el rompidito, para los no valencianos).

No digo más.

Es muy majo…

pero no es el árbol de Navidad con más luces del vecindario.

Y las que tiene… alguna parpadea.

Total.

Le hago una foto frontal de la espalda.

Se la enseño.

Silencio.

Y me dice:

“Hostia, Jorge… perdona…

pero claro…

yo siempre que me miro en el espejo lo veo torcido…

será porque me doblo, ¿no?”

Boooooom.

No jodas.

¿Tú qué crees?

Y aquí viene la parte importante.

Esto pasa más de lo que te imaginas.

Porque el problema no es el tatuaje.

Es cómo lo miras.

Y en este oficio (y en la vida):

No todo lo que ves… es la realidad.

A veces solo estás mirándolo mal.

Y ahora sí.

Esto que te acabo de contar, que parece una tontería…

pasa más veces de las que crees.

Situaciones reales.

Clientes reales.

Momentos incómodos… que si no sabes gestionarlos, te pueden joder un trabajo, una reseña… o un cliente.

Y precisamente eso…

Es lo que enseñamos en SISTEMA.

No teoría bonita.

No postureo.

Realidad.

De la que pasa cada día en un estudio de verdad.

Para que cuando te ocurra a ti…

no improvises.

Sepas exactamente qué hacer.

Nada más….grande J.

Aquí una foto del proceso actual.