Ese toro enamorado de la luna

Buenoooo ....

Hoy toca otra historia.

De amor.

De las de “para toda la vida”.

O eso creía él.

Qué bonito es el amor…

Sobre todo cuando es eterno.

Boooooom.

En toda la cara.

¿Eterno?

Eterna es una hipoteca.

El amor… ya tal.

¿Qué diría mi gran amiga Laura Mojer?

Creadora de Vinqulo.

Si quieres encontrar a tu media naranja… o tu media luna…

ella es tu chica.

Pero claro… eso es antes.

Antes del tattoo.

Mi cliente.

Giobany.

(O como coño se escriba).

Se tatuó un símbolo de amor eterno.

Bueno…

Se lo tatuaron.

Mejor dicho:

LE TATUARON CASI HASTA EL HUESO.

Aquello no era un tattoo.

Era una agresión con tinta.

Oscuro. Marcado. Reventado.

Parecía la banda sonora de la Gran Vía a las 3 de la mañana.

Intenso.

Muy intenso.

El problema:

La luna… ya no estaba en su vida.

Pero el tattoo sí.

Y claro…

Ahí entra uno.

A arreglar lo que otro destrozó.

¿Solución?

Un toro.

Grande.

Con fuerza.

Con carácter.

Un símbolo de poder, virilidad y…

sobre todo…

de pasar página.

Lo bonito de esto es que antes…

Era un toro enamorado de la luna.

Ahora…

El toro se ha comido la luna.

La ha tapado.

La ha eclipsado.

La ha borrado de su historia.

Y así, Giobany

(que sigo sin saber cómo se escribe)

es un hombre nuevo.

Listo para salir otra vez al ruedo…

y torear a la próxima vaquilla.

Todo esto es humor.

Pero también es real como la vida misma.

Porque lo que te tatúas en caliente…

luego hay que arreglarlo en frío.

Y aquí viene lo importante.

Los cover, los errores, las malas decisiones…

no son casualidad.

Son falta de criterio.

Falta de conocimiento.

Falta de alguien que te diga:

“Eso no te lo hagas.”

Y precisamente eso…

Es lo que enseñamos en SISTEMA.

No solo a tatuar.

Sino a pensar.

A anticiparte.

A no liarla.

Y si ya la has liado…

A saber cómo salir de ahí sin destrozar una piel para siempre.

Os dejo el vídeo de cómo quedó.

Y sí…

El toro ganó.

En fin.

Historias de tatuador